29 de marzo de 2007

La única luz ante mis ojos

La tentación perversa de cerrar mi escape virtual de la realidad ha aumentado considerablemente. Tal vez esa sea la razón por la cual ya no regreso. mmm... tal vez no la razón sino la consecuencia, la apertura mental que suelo enfrentar, el placentero crujir de mi frente en dos para dejar escapar la presión de la caldera de insensateces que se cultivan en el tope de mi ser...

Tal vez el miedo frontal que me aqueja cuando me doy cuenta de que estoy tratando de ser sincero, de dejar que todo fluya, de dejar que ningún tipo de traba moral o social se interponga en la liberación de todo aquello que yace ansioso de emerger a la superficie gris de mi ambiente.

Sea lo que sea, al final, cuando creo que este punto de fuga en forma de bytes debería terminar, estoy de regreso... atrás quedan los deseos de comprensión y objetividad por descubrir que no vale la pena, que el frágil equilibrio que inunda nuestro mundo personalizado se ha vuelto igual que aquel que va a tu lado en el camino a tu monótono destino de vida... cuando ante el silencio incomodo que invade tu automóvil llega al punto del desagrado, aun cuando vas solo, y y miras apático a tu alrededor, solo para descubir que aquél que lucha en la calle está en las mismas circunstancias.

Es que una verdadera broma del destino hace que allá arriba aparezca alguien que me muestro escéptico en acpetar que esta ahí, pero que a pesar de que éste es incapaz de materializarse en mi vida y mi fortuna, sigo sintiendo el zumbido de sus carcajadas en el punto más oscuro de la noche, provocándome el insomnio que me impide ver en el nuevo amanecer algo más allá que la imperiosa necesidad de que la noche, y el eco de su risa, lleguen lo antes posible.

Pero asi es: sobre mis demonios, mis deseos, mis verdades, mi dolor y mi omnipresente melancolía, lo único que osa postrarse con absoluta desfachatez y pura seguridad ante mis ojos es un monitor... y eso, más allá de toda la serie de sabotajes que me planto en el camino descrito anteriormente, podría ser la causa del por qué, al final del día, estoy asqueado de la luz y el contenido de la pantalla, de la cual no puedo escapar; y que la final, cuando todo el mal que me provoca me deja en paz un minuto, me humillo regresando a ella, recordando que la patética construcción de mis sueños frágiles se encuentra en su interior...

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