12 de julio de 2008

El Equilibrista (Aquella Noche)


...y aquella noche no pude dormir.

Aquella noche me encontré, con el amanecer por alcanzarme, petrificado por lo que sucedió.. no sabía que hacer, no sabía que decir, simplemente no hubo más que replicar, no huba más que pensar.. no estaba más ahí.

Esto no podía estar pasando, no, no a mí, esto sucede cuando algo en lo más profundo de tu ser palpita lo suficiente para que la más eterna oscuridad se borre con una pequeña ráfaga de luz... no, no a mí.

Cuando un día te levantas y la vida - aquella que te ha orillado a volcar el bien, el mal y todas su variantes en una sola faceta, en una sola emoción - te dice que te dejará en paz... no, no a mí.

Y te encuentras detenido en un mar de telarañas que te impiden razonar, moverte, evitar que tu lógica y autohonestidad se hundan y fusionen con lo más profundo de tu sótano psíquico; y de repente, estás de pie... no, no a mí.

Todo perdió sentido aun más de lo que ya lo había hecho anteriormente. Todo perdió valor y la promesa de no ver para adelante jamás se desvanecía con todo lo que hasta ese momento creía.

Desde aquella noche no me puedo mover, no me debo mover. No quiero que pase el momento, no quiero intentar dar un paso y hundirme. Es esa hermosa agonía la que me me tiene aterrado y que perversamente me da paz. Es el placer de sentir nuevamente el miedo de joderlo todo, precisamente por tenerlo ya.

Es el terror de que el Karma de mis propias indiferencias pasadas me alcance justo cuando los milímetros son distancias que no recorro para no alejarme en vez de sentirme más cerca.

La incertidumbre de saltar al vacío y darte cuenta de tu posición, mientras el viento te susurra al oído que no merces caer, pero tampoco mereces volar y salvarte del impacto.

No hay noches silentes otra vez. No hay descanso en mi dormir, no hay paz, no hay nada... más la emoción invade cada fibra de mi ser porque, aun cuando la noche sigue ahi, no me he de perder en ella.

Heme aquí, con mis viajes nocturnos sobre la cuerda de mi existencia en la cual juego a ser un equilibrista, en al cual no puedo evitar sentirme en paz y aterrado de saber que el impacto sería brutal.

Ahí estoy gritando hacia dentro, cual trauma cotidiano, tragándome el momento para evitar que los vientos de convencionalismo y prejucio me arrojen hacia el precipicio del cual me he salido arrastrando hacia la superficie.

Quiero gritarle al mundo que otra vez estoy vivo, quiero perder la voz haciendo que cada ser a mi alrededor me escuche... quiero que todos sepan que en aquel viejo y marchito árbol de meditación en el cual sólo los cuervos anidan, se ha a posado un ruiseñor, pulverizando de un plomazo las hojas secas que llenaban estas ramas y ahogaban estas raíces.

Pero quieto, silente, e inamovible como debe ser su naturaleza, ha de permancer. para que esas alas no levanten vuelo nuevamente, paralizado hasta que el sol de este peregrinar en vida llegue a su cénit y no quede rastro alguno de la sombras a su alrededor.

Y aún cuando la noche, aquella noche de manto interminable se alce otra vez, sólo habrá estrellas perforando su presencia.


Aquella noche no pude dormir.
Pero aquella noche empecé a soñar...


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